La protectora de los amores prohibidos descansa en Dolores, en
una tumba que siempre tiene flores, pero que la tradición propone
que el día de su muerte -15 de septiembre según reza la inscripción-
la lápida se raja.
Por más que una le dé vueltas, los pueblos están hechos de historias.
Y no sólo los pueblos en el sentido de pequeñas ciudades, sino los
pueblos como conjuntos de individuos amalgamados precisamente
por los relatos que construyen.
La de Berta Smith es una de esas historias, al punto que no hay dolo
rense que no la repita en alguna de sus variantes y no haya recorrido
el cementerio local buscando el sitio donde está enterrada.
Tiene todos los componentes para construir un buen relato. Una joven
prostituta que llega a uno de los numerosos prostíbulos que había en
Dolores en 1881 y que un cliente “rescata”, alquilándole una casa. El
hombre, sin embargo, tiene una novia “oficial” y con ella se casa. El
mismo día de la boda, Berta se pega un tiro y acaba con su vida a los
23 años.
A los datos escuetos se suman pronto otros, que arman la leyenda,
aunque también los de historiadores como Ángel Fortini, que recupe
ran documentos.
Hoy la lápida exhibe un epitafio y siempre tiene flores. El mármol está
permanente escrito con mensajes de enamorados pidiendo la interce
sión de la muerta en sus amores, así como ofrendas. Y, como reza un
cartel de indicación turística ubicado en el lugar, la tradición sostiene
que el día de su fallecimiento la lápida se raja.
Claro que el propio cartel turístico contradice la lápida: mientras que
en el mármol se lee 15 de septiembre de 1881 –día de Nuestra Señora
de los Dolores, patrona de la ciudad- se exhibe una copia del certifica
do de defunción que exhibe la fecha del 13 de septiembre de 1881.
También se aclara que su nacionalidad era húngara y que había llega
do a la ciudad unos meses antes de su muerte.
Según la tradición oral recogida en la década de 1970 por Santos Avan
za, el hombre del que ella se había enamorado hace construir una tum
ba imponente, que el paso del tiempo deterioró. Lo que permanece es
el epitafio y el recuerdo de la gente. Según esta versión, mientras la
tumba se derruía, la tradición popular construía la leyenda, al punto tal
que se hizo una suscripción popular para reconstruirla, lo que habla de
lo hondo que esta historia ha calado.
Mientras tanto, la tumba que este mediodía mostraba las rajaduras an
tiguas, sigue exponiendo el texto que a muchos conmueve y que el
propio Avanza desliza que podría haber sido escrito por ella misma:
Si al posar la mirada en esta tumba/ recuerdas al ser cuyas cenizas
guarda/ seguid, no te detengas.../conociste la materia, el alma nunca.
Que una prostituta húngara hubiera escrito estos versos en castellano
suena extraño, pero ya se sabe que las leyendas tienen una lógica que
la razón no entiende.
No hay comentarios:
Publicar un comentario