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lunes, 31 de julio de 2017

El coma ideológico de la UCR


Por Esteban Schmidt
El eclipse de Alfonsín le abarata aún más al 
PRO su sociedad con el radicalismo.
Entre tanta excitación por la vuelta al oficialismo, ya que no al poder,
 pasó un poco desapercibido que el alfonsinismo como relato domi
nante en la UCR ha quedado fuera de servicio. El canto del cisne de 
Ricardito de las últimas semanas no está separado de este cambio 
cultural que ha disparado las acciones de los otros presidentes radi
cales presentables como Illia, Yrigoyen y Alvear, a los que el tiempo 
ordena con igual prestigio en la galería de nichos, a la par de Raúl. 
Este renovado panel de calaveras da marco, paradójicamente o no, 
a un gran vacío ideológico que le abarata aún más al PRO la sociedad
 con la UCR por cuanto no deben toparse con diferencias de punto 
de vista y nunca hay que negociar en base a temas.
La ecualización de Alfonsín no sólo vuelve uno más a su hijo --que 
empieza a mirarse en el espejo de Leandro Illia-- sino que marca el 
final del duelo para todos los radicales que fueron contemporáneos
 del abogado de Chascomús, y que lo sobrevivieron, como así tam
bién de aquellos radicales criados al reparo de su liderazgo peculiar
 y, en su momento, encantador. El fin del duelo en una organización 
se demora más que en los individuos por razones bastante obvias, y
 es que viviendo en manada se olvida a la velocidad de los más len
tos; y si los más lentos resultan, además, los líderes que rentan del 
recuerdo, el duelo puede dilatarse al infinito.
En esa procesión interminable estaba metida la UCR hasta el triunfo 
electoral de Mauricio Macri cuando la adaptación y aceptación de una
 lengua dominante y despolitizada como la del PRO provocaron, ahí sí,
 la segunda y definitiva muerte de Alfonsín. Sucede que Raúl , en su 
mortaja blanca y alada llevaba inscripta a la política como una activi
dad seria, incluso trágica, y desde el 2015 los radicales tuvieron que 
entenderse rápido, y a la fuerza, con personajes de una naturaleza muy
 distinta. La pasión radical por la razón de estado, la ética de la respon
sabilidad y, porqué no, la vagancia, los hizo caminar los siguientes dos
 años en fila india detrás de la imaginación política y económica del ma
crismo, lo cual no fue, ni siquiera parecido, lo que los convencionales 
nacionales del partido votaron mayoritariamente en la reputada reunión
 de Gualeguaychú en marzo de 2015. Allí confiaron en celebrar con el 
PRO una coalición electoral con reglas de funcionamiento precisas.
Raúl en su mortaja 
blanca y alada llevaba
 inscripta a la política
 como actividad seria
, incluso trágica, y 
desde 2015 los radica
les tuvieron que enten
derse rápido, y a la 
fuerza, con personajes
 de naturaleza muy 
distinta.
La relativización de Alfonsín en la cultura radical también es favorecida por el propio gobierno que desde el ministerio de Cultura de la Nación y desde el Sistema de Medios Públicos, con toda maldad, atiende con una diligencia digna de mejores causas, las requisitorias logísticas y comunicacionales para la realización de homenajes a todos los radicales que ya no están (y que son un montón). No lo hacen para diluir a Alfonsín, de quien saben poco, sino para mantener a los radicales concentrados en la entonación de la marcha fúnebre. En ese sentido, no alcanzan los radicales a decir "somos la vida", que el PRO les dice "no, no, che, ustedes son la muerte". Delicias psicopáticas.
La licuación
La licuación del alfonsinismo no es gratuita, deja al partido sin el 
último prisma a través del cual mirar la vida pública y darse un sen
tido histórico. Sin el minuto alfonsinista en el aire al momento de 
pensar qué hacer o decir, la UCR reacciona ahora a la coyuntura apo
yándose únicamente en los "Qué estamos diciendo" ( nosotros los 
del PRO ) que la nomenklatura partidaria recibe por whatsapp desde 
el call center oficial y las cartas abiertas del Jefe de Gabinete de 
ministros donde se relatan pormenorizadamente los avances del 
cambio. Con esos insumos, el radicalismo hace propaganda de co
sas que ni pensó ni decidió ni consensuó, e incluso suele hacer algo
 peor y es aquello que no le piden con el propósito de agradar. Por 
caso, el fuerte y teatralizado antisindicalismo contra los docentes en
 la provincia de Buenos Aires. Sobreactuan lo que cree que el partido 
del gobierno espera de ellos y, entonces, arman también equipos de 
voluntarios o se sacan fotos tomando mate con Jonathan de Ensenada 
o viendo como Cintia volvió a creer, para estar juntos, o cerca, o la fan
tasía que solicite el instructivo semanal. La ausencia de liderazgo ha 
sido crucial para este sometimiento colectivo.
Pero, claro, no es que a la UCR se le han perdido las tablas de Moisés,
 tampoco es eso, porque el alfonsinismo era una corriente ideológica 
modesta, casi que destilada de la guerra fría, y totalmente gastada o 
insuficiente para crear expectativa electoral como lo indican el pobre 13
 por ciento de Ricardito/ González Fraga en 2011 y el ya helado 3 por 
ciento de Sanz/Llach de 2015. Pero aún cuando fueran cuatro líneas 
incomprobables, éstas ordenaban el mundo y le permitían presentarse
 en sociedad exhibiendo una identidad, no muy distinto a como hace 
la Iglesia o Herbalife o el PRO.
La UCR reacciona
 ahora a la coyuntu
ra apoyándose úni
camente en el "Qué
 estamos diciendo" 
(nosotros los del 
PRO) y con ese in
sumo hace propagan
da de cosas que ni
 pensó ni decidió ni 
consensuó, como el 
teatralizado antisindi
calismo contra los 
docentes bonaeren

ses.
Si los líderes hoy se sintieran tan perdidos como se los ve desde afuera, podrían entender algo sencillo: no hace falta que sea verdadera la traducción del mundo que haga una fuerza política, con que el catecismo extienda una mano a los desamparados, que somos todos, con una interpretación de sus desgracias, y presente pasos para su salvación, la máquina de la representación arranca. Y eventualmente la de la diferenciación.
Al contrario de esto, la mayoría de los dirigentes radicales se abrazó al sonsonete del populismo --el hilo de baba de su razón de Estado--, del cual hay que escapar, o al cual no hay que volver, y ni una palabra más, populismo o muerte, liberando a la imaginación de cada dirigente, y cada dirigido, en caso que la tengan disponible, qué cosa es el populismo, y sin medir las utilidades o los alcances o los beneficiarios del antipopulismo. Cuando faltan unos pocos meses para que complete los dos años de oficialismo sin gobierno, el radicalismo expone, entonces, su dilema mayor, el cual es o será de consecuen
cias absolutas: ¿Parasitará al PRO por toda la eternidad o buscará 
prevalecer y tener sus propias claves?
Es obvio que no se puede volver a Alfonsín, y menos ahora que volvió
 a morir. Además, para Alfonsín el PRO era la derecha , una derecha 
más pop que la de los bacanes politizados de la UCD a los que pudo
 estudiar en más detalle, pero pungas de cuello blanco al fin. Con esos
 prejuicios realmente no se puede avanzar pero tampoco es viable que
 la necesidad de los radicales en actividad de ser registrados por el 
PRO, obligue a suspender todo juicio crítico sobre su aliado y sobre
 sí mismos, hasta el punto del coma ideológico. La velocidad con que
 aceptaron un Nuevo Testamento simplemente pasma y proyecta algo
 duro: si Cambiemos gana las elecciones y la UCR no se da un lideraz
go serio, y en serio, a este ritmo de conversión, la naturaleza de las 
cosas hará de la UCR una simple colectora del PRO.

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