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jueves, 12 de enero de 2012

“Me rompe las pelotas”

Esta frase, aislada dentro del peronismo, no resulta llamativa, pero viniendo del gobernador de la provincia de Buenos Aires es todo un acontecimiento político. El mandatario provincial sabe que desde Nación quieren hacerlo renunciar o, en el mejor de los casos, dejarlo sin chances políticas para el año 2015
  Esta frase, aislada dentro del peronismo, no resulta llamativa, es sólo una expresión más en el amplio vocabulario republicano que utiliza este sector político a la hora de resolver cuestiones internas. Ahora, viniendo del gobernador de la provincia de Buenos Aires es todo un acontecimiento político; no por las palabras en sí, sino por el trasfondo político que conlleva, y las posibles lecturas políticas que hacen los distintos sectores.
Daniel Scioli es una persona muy meticulosa, un hombre moderado, de consenso y no confrontativo, nunca da una entrevista o un discurso sin antes haber pensado cada una de las palabras que va a utilizar. Para los amantes de las suspicacias que vienen siguiendo todos los discursos del Gobernador -que, por demás está decirlo, siempre es el mismo-, son no más de cien palabras que estudió de memoria y las repite en cada lugar que puede, para que quede como base de sustentación ideológica de su gobierno. Es una estrategia de comunicación, buena o no, pero estrategia al fin.
Lo cierto es que en todos estos años Scioli ha sido un hombre fiel al matrimonio Kirchner, incluso ha soportado todos los maltratos de los que fue objeto, sin hacer comentarios críticos contra los Kirchner en público; sin perjuicio de su desagrado, pero con una salvedad: siempre con las encuestas en la mano, que reflejan la victimización que la sociedad hizo de él y que le sirvió para ser imprescindible en toda elección.

Como paradoja de la política, el Gobierno nacional, cada vez que quiere limar la figura de Daniel Scioli, la fortalece; cada vez que lo ataca, lo levanta. El mandatario provincial no ha generado un gobierno que se caracterice por su eficiencia, sino que, la gran mayoría de las veces, ha estado en la tapa de los medios gráficos más por los ataques del Ejecutivo nacional que por sus aciertos gubernativos.

Este análisis es muy conocido por Scioli, que siempre ha jugado con eso, y hasta ahora le ha ido muy bien. La pregunta es por qué el cambio de estrategia, si victimizándose le va bien; por qué salir a confrontar ahora. El cambio de estrategia parece algo descabellado, pero no es ilógico, y no va dirigido a la sociedad, sino al interior del peronismo.

El Gobernador sabe que desde Nación quieren hacerlo renunciar o, en el mejor de los casos, dejarlo sin chances políticas para el año 2015, en esta loca pelea por la sucesión presidencial.
Lo cierto es que en la sociedad la imagen de Scioli está bien, pero no así dentro del peronismo, donde lo consideran un tibio, que no posee las condiciones de enfrentar los problemas que tiene, y tendrá, el país; porque no basta con ser moderado o conservador, en algunos casos hay que tener firmeza, y en el seno del justicialismo creen que no la tiene.
En este contexto interno, el Gobernador salió a la caza de los punteros del peronismo nacional, demostrando que tiene lo que hay que tener para conducir un país. La frase no fue casual, sino estudiada. En casi todas las respuestas del reportaje, Scioli dio un título -sabiendo que iba a repercutir- dirigido al peronismo y no a la sociedad.

El partido de futsal con Macri, a sabiendas de que iba a causar escozor en los ultrakirchneristas, sirvió de excusa para contestarles a los que, sin duda, iban a atacarlo. Y, como dicen en el barrio, los muchachos se comieron el caramelito; salieron a atacar a Scioli, y éste, con la respuesta previamente preparada, salió a contestarles, y generó el hecho político: el peronismo en su interior hoy está hablando de él nuevamente.
Todos en el ambiente político saben que fue sólo una puesta en escena del mandatario bonaerense, y que no va a salir a pelearse con la Presidenta, pero en el Gobierno nacional el golpe se sintió, y salieron a poner paños fríos a la situación, porque si no significaba levantar la figura de Scioli dentro del peronismo, cosa no querida por los ultrakirchneristas.
En estos momentos todos están reorganizando estrategias, de uno y otro lado, pero con la salvedad de que en el Gobierno nacional tienen que manejar un país en crisis, y eso puede generar un cambio de humor popular. Scioli apuesta a los imponderables de la política que pueda tener el Ejecutivo nacional, y a los acuerdos de su jefe de Gabinete, que hasta ahora les viene ganando por goleada a los operadores kirchneristas. Macri se enteró por los medios de que había sido objeto de una operación política que, por falta de conocimiento del peronismo profundo, nunca vio venir.




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