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jueves, 7 de junio de 2012

“Daniel Scioli está midiendo los tiempos”



Con esta frase, el titular de la Federación Agraria da cuenta de la posibilidad de una futura ruptura del Gobernador con el Ejecutivo nacional. Además, mano a mano con La Tecla, habla de su futuro político, del campo y de Biolcati
Los titulares de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati; Coninagro, Carlos Garetto; Federación Agraria, Eduardo Buzzi; y Confederaciones Rurales, Rubén Ferrero, integrantes de la Mesa de Enlace, anunciaron el martes un paro nacional agropecuario que se extenderá hasta la cero hora del 12 de junio. Un rato antes, en su departamento de la calle Bartolomé Mitre, en el barrio Congreso, Buzzi charló largo y tendido con La Tecla. Con un buen mate amargo de por medio, el dirigente se refirió, entre otros temas, a la reforma impositiva bonaerense, a la postura del gobernador Scioli ante la administración nacional y a las posibilidades de ser candidato a diputado en 2013.

-¿Cómo era su visión sobre Scioli antes y cómo es ahora, tras la aprobación de la reforma impositiva?

-Te voy a contar una anécdota. Cuando entramos a la Expoagro (Junín), en el mes de mayo, me encuentro con Scioli y me dice: “Nos tenemos que juntar en Buenos Aires, quiero tener un mejor panorama político, económico y social”. Hasta hace dos meses nosotros imaginábamos un escenario de puertas cerradas del Gobierno nacional y de posibilidad de operar con los gobernadores. Teníamos una esperanza no sólo con Buenos Aires, también con Santa Fe, Córdoba, Chaco y alguna otra provincia. Y Scioli apareció siempre en todos los eventos agropecuarios como un tipo que buscaba mantener el vínculo con las entidades. Es más, dos meses antes lo había recibido a De Angelis, al parecer, para que funcione como nexo u operador en la estrategia “Scioli Presidente, Julián Domínguez Gobernador”. Eso no importa. Lo cierto es que la relación con él era buena. Salvo en el conflicto de 2008, cuando lo calificamos como el felpudo de Kirchner, después es muy difícil pelearse con Scioli. Es inmutable, de mármol. Tiene la característica de ser como un corcho: vos lo largás y flota. No había roces. Aunque tampoco había una mesa específica para la Federación Agraria. El siempre prefirió a Apaolaza (Carbap) como interlocutor del campo. No sé si porque en algunas exposiciones de las sociedades rurales el ministerio pone algún auspicio o estandes, o por qué cosa, siempre tenía una mejor relación con Carbap. Pero ahora, cuando se da esto de la reforma, el panorama cambia. Entendemos que está agarrado de los testículos en cuanto a los números, pero también entendemos que este decretazo significa una ruptura definitiva con los ruralistas, a raíz de un impuesto con el que no va a recaudar para sí
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-¿Qué les dicen los productores en las asambleas?
-Hay bronca y decepción. De todos modos, el enojo con el Gobernador es de manera parcial. Todos saben que recibe y ejecuta órdenes del poder central, de Cristina, de su hijo Máximo. Es como que se le disculpa esa cuestión interna que sufre por estos días. La gente dice que Scioli es un Chirolita, y por eso reparte el enojo entre él y la Presidenta. El ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, es tan inexistente que nadie se enoja con él.

-Mucho se ha hablado de la posibilidad de que Scioli rompa con el Gobierno nacional. ¿Si esto llegara a suceder, la actitud sería otra?
-Sí, sin duda. Lo que sucede es que el hombre debe de estar midiendo los tiempos. Todavía están lejos las elecciones. Si le cierran los grifos y no puede pagar los sueldos, tiene la Policía acuartelada, los docentes de paro y los empleados públicos marchando, sin duda, está transitando por un escenario de ingobernabilidad. No es el momento para desempolvar los libros de historia y transformarse en Juan Manuel de Rosas y juntarse con Estanislao López y Pancho Ramírez. Todo está muy lejos. Aunque el gobierno de Cristina adelante las elecciones, como probablemente haga, para eso falta un año completo, y los gobernadores tienen que administrar los boliches. Uno espera que se planten, pero los tiempos les indican a ellos que tienen que ser funcionales al despotismo central.

-¿Por qué desde el oficialismo apuntan a Biolcati y no a Buzzi?
-A Biolcati lo eligieron como adversario Página 12, Tiempo Argentino, 6,7,8. Lo vinculan con Macri, y eso le viene bien al Gobierno. El problema es que hay otro “forúnculo”, que es la Federación Agraria. Me he dedicado mucho a relacionar esta etapa, como etapa virtuosa, con la etapa de Lavagna y la de Perón del ‘45. El justicialismo como tal, en la década del 40 tuvo un sujeto agrario claramente visible, que fue el peón rural. En este momento es la pobreza del Foro de Agricultura familiar, a los cuales mantienen pobres para que sigan siendo clientes. 
-Está vez están decididos a no cortar las rutas. ¿Fue el peor error en 2008?
-En 2008 hubo cortes de ruta con permiso. La mayoría de la gente se lo bancaba. Veían semejante nivel de atropello, descalificación y soberbia por parte del Gobierno contra el sector, que si tenían que esperar dos horas en un corte, esperaban. Además de aguantar ese tiempo, cuando pasaban por el piquete nos decían que no aflojáramos. La sociedad habilitó el corte de ruta originario. Después hubo un momento en el que todos estaban hinchados las pelotas, ya que cortaban los camioneros por un lado, los productores por otro; era una anarquía total. La foto que quedó del corte fue la de cierto desabastecimiento en las góndolas, la de la prohibición del paso de productos perecederos. Por otra parte, en estos más de tres años hemos vivido tantos cortes de rutas de tantos sectores diferentes, que la gente tiene un mayor nivel de crispación. Hoy, lo primero que va a surgir será un categórico “déjense de joder con los cortes de ruta”. Hoy el corte nos alejaría de la sociedad.

-¿La idea es acercarse?
-Exactamente. Nosotros nos tenemos que ganar a ese sector de la sociedad que nos reprocha que con el voto del campo volvió a ganar Cristina. En su momento nos brindaron todo a su apoyo, y ahora sienten que el sector los defraudó. Hay que ser muy cuidadosos. La protesta agropecuaria es en beneficio del conjunto de la sociedad, no se trata de una preocupación avarienta de resolver nuestros propios problemas. El campo, que sufre este modelo agropecuario que lleva al país a un proceso de recesión, debe ser claramente solidario con el problema de la inflación y el techo salarial de los laburantes. Así como reclamamos un mínimo imponible distinto para los bienes personales, también debe haber un mínimo imponible distinto para los sueldos de los laburantes. El campo no puede salir a putear sólo contra los impuestos. Ahí estás hablando sólo para 200 mil tipos, que son los productores y sus familias. O vamos juntos o nos pasan por arriba. Hoy por hoy no hay paridad de fuerzas, más si se tiene en cuenta el aparato mediático que tiene este gobierno. Te ganan ellos con los operativos de prensa que meten diariamente en 6,7,8, Página 12 y todo lo que funciona en este aparato propagandístico al estilo Goebbels: miente, miente, que algo quedará.

-En 2009 la oposición se plegó al campo y fueron muchos los agrocandidatos que luego se convirtieron en legisladores. Esto no fue tan así en 2011. ¿La política se aprovechó de ese momento?
-No, usados, no. En 2011 el campo ya no era moda. Los viejos dirigentes que antes habían quedado afuera quisieron volver a posicionarse. El problema que tuvieron los partidos fueron los altos niveles de incongruencia que se vieron en las alianzas. Eso es lo que yo les reprocho, y no si hubo o más o menos productores en las listas.

-¿Cuáles fueron las alianzas o desalianzas que más le molestaron?
-La gran mayoría. No hicieron alianzas por bases programáticas ni por historias de pertenencia. En caso de haber sido así, De Narváez tendría que haber jugado con Duhalde, Rodríguez Saá y Felipe Solá. Ellos tendrían que haber armado la opción del Peronismo Federal, pero en serio, con mayúsculas. Pero si Duhalde rompe con Rodríguez Saá y De Narváez juega con Alfonsín, se hace una mezcla inentendible, tanto para el electorado radical, el electorado peronista y el electorado independiente. Por otra parte, aparecen Margarita, Binner, Juez, Morandini, Lozano y De Genaro. Ellos son la nueva representación en la Argentina. Se trata de una centroizquierda programática, coherente. El gran inconveniente fue que no lograron incluir a Pino Solanas y que recién todo está en construcción. Además, Ricardo Alfonsín debió haber pertenecido a ese grupo. Todos los sectores progresistas del radicalismo debieron estar dentro del FAP. La derecha radical, que representa Aguad y que alguna vez gobernó con De la Rúa, que se vaya donde quiera.

-Si se juntaran todos estos últimos y lo invitaran a ser candidato a diputado nacional, ¿le resultaría difícil decirles que no?
-Reconozco a Víctor de Genaro como uno de mis dos o tres maestros. Los discursos que se hacían en 2008 los discutía con él. A donde va Víctor, yo voy. La verdad, sí, me costaría mucho negarme a una candidatura.

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