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domingo, 27 de noviembre de 2011

Para los bancos, el fin del euro podría estar cerca

Después de la rebaja de la calificación crediticia de Bélgica y la ausencia de un plan de contingencia, toman sus recaudos. Una operadora alemana llamó a sus clientes griegos para renegociar sus contratos en dracmas

Crédito foto: Reuters


Para el creciente número de observadores que temen que la ruptura de la eurozona esté a la vuelta de la esquina, la canciller alemana, Angela Merkel, tiene una réplica afilada: nunca ocurrirá.

Pero algunos bancos ya parecen no estar tan seguros, sino todo lo contrario. En especial después de que esta semana la crisis de las deudas soberanas amenazó con engullirse también a Alemania, cuando los inversores comenzaron a cuestionar la solidez de ese país como pilar fundamental de la estabilidad europea.

Esta semana, Standard & Poor's rebajó la calificación crediticia de Bélgica de AA+ a AA, al asegurar que ese país podría no ser capaz de reducir la enorme carga de su deuda en lo inmediato. Las agencias calificadoras advirtieron esta semana que Francia podría perder su AAA si la crisis se profundizara. El jueves pasado, rebajaron la calificación de la deuda de Portugal y de Hungría a niveles de bonos basura.

Mientras los líderes europeos aún dicen que no hay necesidad de diseñar un Plan B, algunos de los principales bancos del mundo y sus supervisores están haciendo exactamente eso. "No podemos, ni vamos a ser indulgentes en este sentido", señaló Andrew Bailey, regulador de la Autoridad de Servicios Financieros de Gran Bretaña. "No debemos ignorar la perspectiva de una salida desordenada de la eurozona de algunos de sus miembros", advirtió.

Esta semana, bancos como Merrill Lynch, Barclays Capital y Nomura emitieron una catarata de informes que analizan la probabilidad de una ruptura de la eurozona. "La crisis de deuda entró en una fase mucho más peligrosa", escribieron analistas de Nomura. A menos que el Banco Central Europeo (BCE) dé un paso al frente para hacer lo que los políticos no logran, "a estas alturas, una ruptura del euro dejó de ser posible para ser probable", señaló el banco.

Las principales instituciones financieras británicas, como el Royal Bank of Scotland, ya tienen sus planes de contingencia para el caso de que lo inimaginable se haga realidad.

Funcionarios de organismos reguladores de Estados Unidos presionan a bancos norteamericanos, como el Citigroup, para que reduzcan su exposición a la eurozona. Pero las instituciones de los países grandes de la eurozona que se contagiaron de la crisis no parecen compartir la misma preocupación.

Los bancos de Italia y Francia, en particular, no están elaborando planes de contingencia, por la sencilla razón, dicen los banqueros, de que concluyeron que la ruptura de la eurozona es imposible.

Aunque bancos como BNP Paribas, Société Générale, UniCredit se deshicieron de decenas de millones de euros en bonos europeos, la idea es que no hay motivos para hacer más que eso. "Mientras que en Washington prevalece la idea de que Europa puede quebrarse, aquí creemos que Europa debe seguir siendo como es -declaró un banquero francés-. Nadie cree que haya necesidad de un plan B."

Esta semana, los líderes europeos aseguraron estar más comprometidos que nunca con la supervivencia del euro, en especial con las elecciones presidenciales en ciernes: en Francia, en 2012, y en Alemania, en 2013. Merkel señaló estar dispuesta a redoblar sus esfuerzos para empujar a la Unión Europea (UE) hacia una mayor integración política y fiscal.

Esa tarea parece ser un poco más fácil ahora que la crisis derribara a los líderes de los países más afectados por la crisis, como Italia y España. Pero sigue siendo una lucha cuesta arriba, y esta semana Merkel continuó con su oposición a la emisión de eurobonos con respaldo de la eurozona.

En términos políticos, hasta la idea de la separación de Grecia es considerada cada vez más un anatema. A pesar de que en ese caso Grecia y sus bancos acreedores podrían ser rescatados por los contribuyentes europeos hasta dentro de nueve años, los funcionarios temen que el desprendimiento de ese país abra una caja de Pandora: una especie de segundo Lehman Brothers o la salida de otros países de la eurozona.

El euro, creado hace más de una década, abrió paso a años de prosperidad para sus miembros, en especial Alemania, mientras las tasas de interés descendían y el dinero llovía sobre la región. Hasta que hace tres años la quiebra de Lehman sembró el caos en los mercados de crédito globales. Y la crisis financiera revivió cuando Grecia quedó al borde del default. La creación de la eurozona implicó un entramado de contratos y de activos entre países, pero ninguno que previera la posibilidad de que un miembro abandonara el euro.

Sin embargo, mientras la crisis avanza hacia el norte rico, los bancos se preparan para cualquier desenlace. Por ejemplo, como para Grecia podría ser legal, financiera y políticamente complicado dejar la eurozona, algunos bancos ya piensan cómo sería la conversión de euros a dracmas o cómo se ejecutarían los contratos.

El Royal Bank of Scotland es uno de los tantos que están testeando su capacidad de respuesta. "Realizamos análisis de respuesta a la presión de lo que sucedería si el euro se cae o demás eventualidades, como la expulsión de algunos países de la eurozona", declaró Bruce von Saun, del grupo RBS.

Ciertas empresas están tomando iguales recaudos. La gigantesca operadora turística alemana TUI causó mucho revuelo cuando envió una carta a los hoteleros griegos para exigir una renegociación de los contratos, pero en dracmas, para protegerse de las pérdidas que le generaría una salida de Grecia del euro.

Algunos bancos ya no tienen puesto el ojo sólo en pocos países. Merrill Lynch fue el último en emitir un informe que analiza lo que sucedería si tuviesen que volver a sus antiguas monedas. Si España, Italia, Portugal y Francia debiesen reimprimir sus viejas monedas, seguramente se depreciarían frente al dólar y revelarían la debilidad de sus economías.

El principal daño de una ruptura del euro, señaló Stephen Jen, director de SLJ Macro Partners, de Londres, sería "el riesgo de la redenominación" -el efecto impredecible que tendría en los activos financieros-, ya que las nuevas monedas buscarían posicionarse en el mercado y el valor de los contratos establecidos en euros sería cuestionado.

La mayoría de la gente espera que no ocurra. "Con la quiebra de Lehman fue lo mismo: nadie sabía lo que iba a pasar a continuación", declaró un banquero francés. "Y Lehman era una empresa, no un país. Si un país abandona el euro... hay que multiplicar ese efecto por diez", concluyó.

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