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jueves, 6 de febrero de 2014

Ricardo Casal quiere que lo echen


El Ministro de Justicia está disconforme con el trato que le dispensan el Gobernador y el Jefe de Gabinete, y no pasó sus mejores vacaciones. En un momento de indignación solicitó que lo echen, pero no encontró la respuesta esperada.
El Ministro de Justicia, Ricardo Casal, no pasa por su mejor momento. Después de su desplazamiento del Ministerio de Justicia y Seguridad, empezó a cuestionarse su futuro y muchos de sus colaboradores más cercanos, dicen que ve fantasmas donde nos los hay. En los hechos, desconfía de todo cuanto le toca vivir.

Sin funciones aparentes, ya que el Ministerio de Justicia quedó con una mínima estructura, y en el ámbito judicial provincial no es bien recibido, se conforma con manejar el Servicio Penitenciario Bonaerense, el cual ha tenido días tormentosos con la cantidad de internos fugados de sus cárceles.

El Ministro entendió que es una etapa concluida y le mando decir al Jefe de Gabinete que “quería que lo echaran”. Alberto Pérez, fiel a su reflejo político, le tendió una mano y le manifestó que esa era una función del Gobernador, pero que él entendía que no había ningún motivo para sacarlo, y que Scioli estaba muy contento con su gestión.

Casal entendió muy bien el mensaje. Criado en un pueblo muy chico de la provincia de Buenos Aires, y lleno de frases célebres, pensó para sí que "cuando el Diablo te acaricia es porque quiere tu alma”.

Así las cosas, el ministro no consiguió que lo desplazaran, pero sabe que le están buscando reemplazo. Por si fuera poco, no le atienden los teléfonos. Solo le queda descargarse con sus colaboradores cercanos, con quienes ya han pasado varias batallas.

En este contexto, el salto de Casal al massismo va a tener que esperar un tiempo más, ya que sin despido tumultuoso no hay excusa para sumarse al bando contrario.

De todos modos, funcionario cuenta con otra contra que no esperaba: las duras críticas del líder del Frente Renovador a sus políticas de seguridad, que harían imposible sumarlo a sus filas. Abrirle los brazos a Casal no sería más que caer en una burda contradicción, lujo que no se puede dar el massismo en estos tiempos.

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