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jueves, 3 de octubre de 2013

Se largó la pelea por el 2015

La pelea por ver quién ocupará el sillón de Rivadavia en 2015 se está tornando feroz. Los grandes actores en el escenario nacional que hoy se vislumbra, son dos: por un lado, Daniel Scioli, y por otro, Sergio Massa. En tercer lugar viene un candidato del interior, Juan Manuel de la Sota, pero con menos posibilidades
Por Mario Baudry

Restan 24 días para los comicios legislativos, pero la contienda se parece más a una batalla épica que a una simple elección de medio término; la pelea por ver quién ocupará el sillón de Rivadavia en 2015 se está tornando feroz ante un poder central que ya no logra contener las riñas internas de sus propios súbditos.

Los grandes actores en el escenario nacional que hoy se vislumbra, son dos: por un lado, Daniel Scioli, y por otro, Sergio Massa, como paradoja del destino; no por haber nacido, sino por haber elegido los dos vivir en la localidad de Tigre. En tercer lugar viene un candidato del interior, Juan Manuel de la Sota, pero con menos posibilidades.

El gobernador bonaerense tiene muchas chances de ser el candidato, pero esta vez, más que nunca, va a depender solamente de él ser o no la opción. Estuvo a minutos de dar el salto a la oposición, pero se arrepintió a último momento. Ante la debacle del gobierno central, su carisma lo hizo resurgir, y pasó a ser el abanderado del proyecto nacional kirchnerista, quedando ungido como el heredero del modelo, por lo menos hasta el 27 de octubre.

Scioli es un político que entiende muy bien las sensaciones populares, sabe que estas elecciones de medio término son sólo eso, y la historia así lo demuestra; Francisco de Narváez era la gran promesa blanca, el gran ganador, pero se lo devoraron la máquina del tiempo y la gran destructora de talentos que es la Cámara de Diputados. El “Colorado” no pudo ganarle a su propia inacción.

El mandatario bonaerense cuenta con dos armas fundamentales en esta batalla por el 2015: una es el aparato estatal, y otra su carisma personal. 

La carrera presidencial es por etapas, y la primera se larga el día 28 de octubre y finaliza en marzo, cuando las primeras encuestas van a señalar al vencedor. Este verano será el más caliente desde la interna entre Menem y Cafiero.

El Gobernador sabe que tiene que poner toda la estructura del Estado a funcionar en los meses de verano, pero con una salvedad si quiere ser Presidente: tiene que tener presencia no sólo en la costa atlántica tradicional, que ya de por sí maneja y controla, sino también en todos los centros de turismo del interior del país.

En esta etapa el aparato provincial es fundamental, y si lo utiliza bien puede revertir el envión del massismo. Tiene que poner a jugar todo su carisma; este verano es a todo o nada.

Para el intendente de Tigre la jugada es distinta, tiene que salir a bancar la parada después de las elecciones; viene con viento de cola por el triunfo que se vislumbra. Las cosas a favor son su buena gestión municipal y la imaginación que tiene la sociedad sobre su carisma. Es mucho más importante el “mito Massa” que Massa en sí. Cada vez que salió a los medios en la campaña de las PASO, su imagen real no cubrió las expectativas que la gente tenía de él.

La otra cosa que debe reorganizar es su armado interno, que se parece más a la Armada de Brancaleone que a las bases nacionales y populares del peronismo. Pero lo que no debe menospreciarse, y es algo que Scioli debe tener en cuenta, a pesar de la negativa de sus asesores, es que el joven tigrense cambió el rumbo de la historia del kirchnerismo en sólo cuarenta días. Pasaron de pensar en una entronización en el poder a pedir que los dejen terminar el mandato en paz, debiendo recurrir al carisma de la persona más odiada por el círculo duro del poder, como es Daniel Scioli, para que los salve de la debacle nacional.

El gobernador cordobés lleva varios intentos por posicionarse en el esquema presidencial, pero no logra imponer su imagen. 

Su gestión en la provincia mediterránea es buena, y su condición de armador político también, pero con la salvedad de que es solamente en Córdoba. En el resto del país y en la provincia de Buenos Aires le cuesta entrar, porque los aciertos que tiene en Córdoba acá no son vistos de la misma manera, ya que la idiosincrasia social y las clases económicas son distintas; para poder imponer su figura, primero va a tener que entender cómo funciona la estructura del país, que hasta ahora no ha logrado hacer.

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